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A CUENTA DE ESPÍRITU SAGRADO

Actualizado: 1 mar


Me he tomado mi tiempo para hablar sobre Espíritu sagrado, la película de Chema García Ibarra que proyectamos hace una semanita porque, cuanto menos, la película me parece, como me imagino que les habrá parecido a muchos, desconcertante y bastante peculiar, lo cual ya es bastante decir en estos tiempos por los que andamos, donde el bien queda y el aburrimiento más supino cabalgan a sus anchas por estas tierras de Cine. Así que, en virtud de esto que acabo de escribir, procuraré no emitir juicio alguno sobre la película y quitarme de entrada el sombrero por la valentía y descaro que Chema ha demostrado con sus imágenes , y tratar de explicar porqué he utilizado antes los adjetivos “desconcertante” y “peculiar”.


Y lo primero, además de ser lo primero, enseguida salta a la vista. En Espíritu sagrado se mezcla la CF, con los escenarios y los personajes más a ras de tierra que haya podido imaginarme; vaya, con el pueblo puro y duro. Peculiar y desconcertante contraste, ¿verdad? Y a lo que tranquilamente añadimos la utilización de actores no profesionales y, sobre todo, de actores que posan y declaman frente a la cámara como si de personas realmente abducidas por un espíritu lejano y misterioso se tratara. Fondo y forma dándose la mano, ¿verdad? Y con esto, con las “actuaciones” entrecomilladas también de Nacho Fernández, Llum Arqués o Joanna Valverde, entre otros, Espíritu sagrado no engaña a nadie. Es una película de CF. Y también muy casta; salvando las distancias que quieran salvarse, y a Dios gracias, como Amanece que no es poco.

Sí, salvando distancias siderales, ya que hablamos de CF, porque a la película de Chema, antes que con el mamotreto de Cuerda, yo la metía en ese cajón donde estará seguramente Corazón de cristal, la película de Werner Herzog (¡toma ya!) sobre la que la crítica, sobrealimentada por declaraciones del propio Herzog, comentaba que los actores actuaban bajo los efectos de la hipnosis. Eso, como Nacho Fernández. Y ahora, a la de 3 despertad y aseguradme que esto no es (saludablemente) desconcertante y peculiar en el siglo XXI y, más aún, hablando de Cine Español.


Tanto que hasta creo que Chema para la resolución racional de la trama y de la película se emplea con un osado y valiente desapego. Como si la mencionada resolución racional le interesara más bien cero coma. Por ello, desde que la Policía interviene, planos generales, telediarios emitidos por TV, subtítulos y absoluta ausencia de sonido. Vaya, que estoy seguro de que Chema lo rodó porque de alguna manera tenía que dar carpetazo al argumento y finalizar, de esta forma, su ópera prima (sí, se me había olvidado: Espíritu sagrado es su primera película, ¡olé sus cojones!). Aunque el alucinante (en sentido literal) y último plano que vemos sea el hinchable de una pirámide egipcia que va llenándose poco a poco de aire a medida que nosotros, los espectadores, nos vamos preparando poco a poco para volver a pestañear.


Porque, ¿será todo esto, que acabamos de presenciar, de verdad posible, en esta Piel de Toro que habitamos, asaetada por los cuatro costados? Porque Espíritu sagrado bebe también del más interesante cine que se realiza por tierras portuguesas. Y si a esto añadimos una bonita y marchosa banda sonora, la presencia del propio Chema que nos acompañó durante la proyección y el coloquio, y no como un súper director de cine (sic), sino como uno más; quizás uno más que como yo también se quedó abducido por esa desquiciada presencia de OVNI Levante, la alucinante (sí, sí, también: literalmente) asociación mediterránea que coquetea, con los mejores y más dispuestos ánimos, con el Más Allá de Todo lo Habido y por Haber. Bonita tarde-noche FAS, sí señor. Eskerrik asko, Chema. A seguir...



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