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Leviatán

Globo de Oro 2014 a la Mejor película en habla no inglesa


Inv.: Kristina Zorita, periodista de la EiTB


Como  en El regreso, su ópera prima, y en Elena,  su film más conocido, el retrato  frío, implacable, riguroso de la  Rusia actual, brutalmente expuesto o  filtrándose metafóricamente en  ambientes, personajes y situaciones, está  presente en este crudo drama  que abunda en referencias críticas a la realidad,  al tiempo que  construye una suerte de relectura moderna del libro de Job. El  poderoso  hechizo de las imágenes que desde el principio describen el desolado   rincón del noroeste de Rusia junto al mar de Barents donde transcurre la   historia –con sus despojos de otra época (casas destruidas,  embarcaciones  destripadas, y hasta el gigantesco esqueleto de una  ballena que no puede sino  asociarse con el mítico monstruo marino del  título)– ya transmiten el sentido  de desesperanza existencial y de  soledad total que abruma al hombre y que  domina el film entero.


La  imponente grandiosidad del paisaje contrasta  con la relativa pequeñez del drama  humano. Si en el relato bíblico,  Job, el rico y piadoso mercader, es despojado  de sus bienes y  perseguido por la enfermedad y por toda clase de desgracias,  pero aun  así renuncia a maldecir a Dios y cuya resistencia lo ha hecho símbolo   de la fortaleza para superar todas las dificultades, el protagonista de Leviatán –un mecánico que vive en una  casa junto al mar, con su joven esposa  (víctima de la tediosa vida de provincia  y trabajadora en una planta  procesadora de pescado), y Roma, su hijo  quinceañero fruto de un  matrimonio anterior y en plena edad de rebeldía–, se enfrenta  a un  enemigo no menor. El alcalde, representante del sistema de corrupción  que  reina en la Rusia postsoviética, pretende apoderarse de la casa,  pagándola muy  por debajo de su valor. Kolya no tiene cómo defenderse  del Estado, como bien  ilustran dos escenas tribunalicias desarrolladas  con ácida ironía.


Cuando  el film comienza, Kolya recibe la ayuda de un abogado  venido de Moscú y ex  compañero de armas, que está al tanto de los  abusos del alcalde, tiene relación  con personajes influyentes y sabe  cómo se resuelven las cosas en estos casos.  Su presencia, por otro  lado, contribuirá a desatar una serie de trágicos acontecimientos.


El  panorama es, en general, desolador: nada escapa  a la mirada implacable del  director ruso ni se sospecha que haya en su  pintura pesimista de este mundo en  el que imperan la ilegalidad, la  codicia, el negociado y el vodka, otra cosa  que dolorida sinceridad.

Del  modo en que la gente común ve a sus políticos  no quedan dudas en la escena en  que los hombres que han ido de cacería  eligen los blancos para practicar tiro:  un desfile de fotografías de  líderes rusos que empiezan por Lenin y no llegan  hasta Putin porque no  ha pasado el tiempo suficiente, aunque su retrato no  falte en el  despacho del mafioso alcalde. La posición de la Iglesia Ortodoxa  Rusa  tampoco se salva de las agudas críticas a su hipocresía, incluida la   interesada alusión al libro de Job que alguien expone sobre el final. No   extraña que en su país el film haya sido reprobado por su ofensa a las   autoridades y a la religión, y que los nacionalistas lo hayan  declarado  antirruso.


El  clima que se vive también tiene su consecuencia  en la vida doméstica. Y captar  esos efectos –o bien detectarlos dentro  del cuadro general– es, por lo que se  ha visto en su cine, una de las  grandes virtudes de Zviáguintsev. Otra, tal vez  la más destacable, es  la de equilibrar el peso expresivo de todos los elementos  que concurren  a la narración cinematográfica empezando por la maestría de su  ritmo  narrativo y por el excelente guión (compartido con Oleg Negin, el mismo   de Elena); la concepción visual (para  lo cual contó con el  admirable trabajo de Mikhail Krichman) y la conducción de  los  excelentes actores.


Sobre  el final, hay una escena verdaderamente  sobrecogedora: la que observa desde  dentro de la casa de Kolya el  trabajo destructor de la grúa mecánica. Como un  poderoso leviatán menos  mítico, pero quizá más temible.


(Crítica de Fernando López en el periódico  argentino La nación)


20/10/2015 · Leviafan (Левиафан) ∙ Rusia ∙ 2014 ∙ 141 min ∙ Dir Andréi Zviáguintsev ∙ G Andréi Zviáguintsev y Oleg Negin ∙ Fot Mikhail Krichman ∙ Mnt Anna Mass ∙ M Philip Glass ∙ Int Aleksei Serebryakov · Elena Lyadova · Vladimir Vdovichenkov · Roman Madyanov