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Invisible

Mirar  lo que no se ve: escribiendo imágenes


CM: HOTZANAK, FOR YOUR OWN SAFETY (A) ∙ Euskadi ∙ 2013 ∙ 5 min ∙ Dir  Izibene Oñederra

Inv.: Víctor Iriarte, director


“No  puedo quitarme la idea de que la diablura  está en una operación que la  simplicidad del resultado hizo invisible,  pero que solo puede explicar la  molestia indefinida que provoca” (Michel Foucault, 2012: 15)


Ya que he estado más de un  tiempo considerable tratando de elegir el  inicio de esta crítica,  comenzaré haciendo una confesión de parte.  Jamás he tenido tan presente el  “dilema de la hoja en blanco” tratando  de escribir este artículo sobre Invisible, de Víctor Iriarte.  Cómo  hablar de una película que, si tratara de contar o describirla, me  tomaría  quizás no más de cuatro o cinco renglones, pero que su poder  de conmocionarme  internamente y dejarme “aturdido” me ha durado varios  días. Veamos: Invisible trata sobre una historia de  amor,  donde hay viajes, desencuentros, diálogos románticos y trillados, es   decir, todo lo que podemos esperar sobre una película de “amor”, con la   diferencia de que también es una película sobre vampiros. Claro,  tampoco por  ser una película de vampiros viene a romper con los  estereotipos, todo lo contrario,  se nutre constantemente de ellos. A la  par que trata sobre la grabación del  disco de Maite Arroitajauregi  —Mursego—, la cual vemos periódicamente a lo  largo del film en su  estudio de grabación. Pero a la vez, no hay escenas de  amor, tampoco de  vampiros, y mucho menos es un documental sobre la grabación de  un  disco. Es decir, sin querer confundir al lector, es todo eso y, a la  vez, no  lo es. Juega constantemente con pretender ser algo, pero a la  vez quedarse en  un estado potencial. No llega a ser algo pero lo  insinúa constantemente. Lo que  tiene que ser, está invisible.


Una vez que, creo, he esquivado el  dilema de la hoja en blanco, he  pasado a un segundo dilema: cómo demostrar,  luego de hacer tan breve  descripción (y no creo que se pueda hacer mucho más),  que Invisible es una gran película.  Intentaré sortear este obstáculo no haciendo un  recorrido cinéfilo a través de  las distintas intertextualidades y  filiaciones que despliega el film (…); sino  que intentaré abordar esta  propuesta cinematográfica a través de otros caminos.  Sólo para intentar  evidenciar el poder conceptual que está atrapado en el  último film de  Víctor Iriarte. En un cine donde las imágenes que salen del  proyector  no son las más importantes, resulta necesario, tal vez, proponer un   camino alternativo. De tal manera que —y este es el objetivo más  importante— el  poder de ruptura de este film quede evidenciado.


De  cuando lo presente se hace invisible y lo ausente visible.

Como había dicho, Invisible es un film de  vampiros, pero  no hay imágenes de vampiros. También es una película de  amor, pero no vemos  ninguna imagen de alguna pareja, o de alguna  situación que despierte cierta  sensación amorosa. Al mismo tiempo es  una película que nos habla sobre la  construcción de otra película; pero  son apuntes de una película que no se va a  hacer, y que nunca tuvo  intención de hacerse. A su vez, vemos y escuchamos las  creaciones  musicales de Maite a través de distintos instrumentos, quien sería  la  encargada de crear ambientes que no vemos, ni vamos a ver. Todas esas  cosas  que hacen al film, pero que no vemos, están insinuadas mediante  diálogos que se  sobre-impresionan en una pantalla totalmente en negro.  Tales diálogos están  intermediados por las intervenciones musicales de  Maite que, de alguna forma,  anteceden lo que va a suceder (o lo que  vamos a leer).

Para entrar al mundo de Víctor  Iriarte, y al mundo de Invisible,  hay  que entender, o creer, que todo aquello que no vemos —pero que  sabemos que está  por lo que vemos—, es tan cinematográfico como  cualquier imagen proyectada. Es  creer que hablar de cine, escuchar  sobre cine, comentar una película, también  es cine. Gracias a esta  postura que me ofreció este film, he entendido, por  ejemplo, que las  innumerables charlas que he tenido con mi viejo sobre cine  (uno de mis  tesoros más preciados) son parte de mi cine. Esta forma de hacer  cine  tan sólo comentándolo, fusiona dos de nuestras más hermosas facetas, la   del lector y la del espectador. Es aceptar que la proyección de  nuestras  imágenes mentales, valen tanto como las proyectadas en una  sala de cine por un  proyector. Nuestro mundo de lo que es el cine no  puede cercenarse a lo que  vemos únicamente en pantalla; aceptar nuestra  capacidad de proyectar nuestras  propias imágenes es darnos cuenta, y  darnos la posibilidad de no hacer del  hecho de ver cine, una situación  meramente receptiva.

Mientras escribo, pienso en el  siguiente ejercicio,  que es el de pensar qué hubiera pasado si en lugar de esos  diálogos  románticos proyectados en la imagen, hubiera habido una típica y  trillada  escena de amor, aquellas que no sólo se nutren de los  estereotipos sino que los  bastardean (esto no es una ofensa contra los  estereotipos, amo el cine de  género). Luego de haber visto tantas  escenas de amor, mi reacción hubiera sido:  “¡esto ya lo vi!”. Lo que  hace Iriarte es poner unos diálogos que también se  pueden llegar a  clasificar de “trillados”, pero ahora todas aquellas escenas de  amor  estereotipadas que he visto, son mi bagaje y mi tesoro que sirven como   disparador para crear mi propia escena de amor, trillada o no. Yo  proyecto mi  propia imagen en la pantalla a partir de los diálogos que  veo. Lo que equivale  a decir que Invisible es una película  distinta para cada uno de nosotros.

Uno de los últimos planos del film  es toda una  pantalla en blanco, y como la proyección de la imagen no abarcaba  toda  la pantalla en su totalidad, creaba un borde negro que recubría toda la   imagen en blanco. En ese momento tuve una asociación que rápidamente  tildé de  facilista, como son básicamente todas las asociaciones libres  (al menos las  mías), me dije: “qué parecido al cuadro de Malévitch,  pero al revés”. El cuadro  al que hago referencia es Cuadrado negro  sobre fondo blanco (1915), el cual se describe por su propio título, porque  no es más que  eso. Pasado un tiempo después de la película la comparación me  seguía  molestando, porque la semejanza no es solo visual, sino mas bien   conceptual, lo cual hace unir, hasta casi hermanar, a las dos obras.  Ambas son  obras de arte, pero a la vez lo que les falta es, justamente,  la obra de arte.  Son una insinuación de lo que les falta, aunque es  una ausencia revelada que,  como tal, se hace presente, es decir, como  una falta.

Aquella  pregunta (pseudo)ontológica que nos sucede cuando miramos por primera vez el Cuadrado de Malévitch “¿esto es un cuadro?”, nos tiene que  hacer dar cuenta, tiempo después, de que tanto esta obra como Invisible no muestran lo que toda  pintura o película puede potencialmente  mostrar. Pero al mismo tiempo revelan  toda la potencialidad del arte en  sí, desde su falta. Son como un grado cero,  como un pizarrón vacío,  donde haga lo que se haga siempre se tiene que partir  desde ahí. Claro  que para aprovechar semejantes obras hay que estar de acuerdo  con que  “lo que falta” en el arte no implica una cuestión de negatividad   (Wajcman, 2001: 91). Casi me animaría a decir que es todo lo contrario,  ya que  tiene la habilidad para traer aquello que no está; como dice  Isaki Lacuesta,  estamos ante “la utilización desesperada  del cine como médium para invocar lo perdido” (2012: 51). Invisible, al igual que Cuadrado,  es una obra de arte que está  liberada de la obra de arte, con la  intención no de no mostrar nada, sino de  hacernos ver algo que no se ve  con nuestros ojos.

Así como Wajcman afirma que Cuadrado está más  cerca del lienzo vacío  que de otra cosa (esto que decíamos de un grado  cero), casi lo mismo podríamos  decir de algunos planos de Invisible.   Pensemos en esos planos donde no hay imagen alguna, y sólo vemos  diálogos  sobre-impresos en la pantalla donde, para muchos, faltaría la  quintaesencia de  lo cinematográfico, el movimiento. Bueno, aquí ni  siquiera hay una imagen congelada,  una fotografía. Invisible  está  realmente muy cerca de la pantalla en negro. Propongo, otra vez,  hacer una  operación inversa y no ver en esto algo negativo. Toda imagen  a la vez que  muestra algo, oculta otro algo también. En la película de  Iriarte todo lo que  no se muestra es pura potencialidad a la mirada  del espectador. Podemos  imaginarnos todas las escenas de vampiros que  deseemos, románticas también. El  campo abierto es casi infinito.  Nuestra imaginación recorre y llena la pantalla  a gusto nuestro.  Libertad, al fin.


Esa  imagen ya la vi, me la contaron.
Esa potencia de la que hablaba, y  que recubre a Invisible,  es la que  causó en mí la primera asociación, que no es otra cosa que  el encuentro entre  un espectador —en este caso, yo— y una película que  alberga en sí misma la  imaginación y el bagaje del espectador. Lo que  resulte de Invisible es siempre del encuentro entre cada  espectador con el  film, y entre cada espectador y los films que ha  visto (o que lo han visto,  según Daney). Todo esto para introducir mi  segunda asociación, que no ha sido  tan “libre”, pues me ha llegado  varios días después. No podía dejar de pensar  el film de Víctor en  relación con el cuadro de Magritte Esto no es una pipa  (1928/1929). Es por eso que salí a la búsqueda  del texto homónimo de  Foucault. Quería tratar de entender, esta vez, la  relación que había  entre esos textos y las imágenes, las que estaban y las que  faltaban.  Lo que diré a continuación no es otra cosa que tal intención.

Se puede decir, básicamente, que  Iriarte ha hecho esta película mediante una idea y una voluntad. “La idea de que escribir sobre cine también  era hacer cine”, y la voluntad de “hacer  películas sin pantallas, sin proyecciones, en directo, hablando al público y  contándoles películas” (Iriarte,  2012: 57,63). Les puedo asegurar que el  director está realmente muy  convencido de que se pueden proyectar películas  invisibles. ¿Por qué  Magritte decidió “aclarar” que eso no era una pipa, cuando  se  sobreentiende que es la representación de lo que entendemos que sería  una  pipa? ¿Por qué recaer en esta operación que, a priori,  aparece como tautológica? Siempre se nos ha inculcado que  las  tautologías no agregan nada. Bueno, este no es el caso. Propongo otro  juego  más: pensemos en una imagen fílmica de, por ejemplo, una pareja  besándose y  abajo, mientras la vemos, aparece una leyenda sobre-impresa  que dice “pareja  besándose”. Rápidamente se nos vendría a la mente lo  inútil de tal leyenda, “para qué poner eso si yo ya lo descifré  mentalmente, con la imagen me basta”.  Una operación tautológica o  redundante presupone que se dice lo mismo  de dos formas diferentes. Es decir  que, si quitamos uno de los dos  enunciados, obtendremos lo mismo. Ahora ¿por  qué presuponemos que lo  que debe ser quitado es el texto y no la imagen? ¿Porque  se trata de  cine tal vez? Bueno, Víctor Iriarte lo entiende de otra forma, la   imagen puede ser quitada también, de manera que va a haber una pareja  besándose  de todos modos, sólo que nosotros decidimos cómo va a ser el  beso y la pareja.  En Invisible al no estar la imagen,  el texto se libera para poder crear; y crea, paradójicamente, imágenes.

Al lector que todavía no ha visto  el film, y que le  recomiendo que lo haga, le comento que, en parte, al leer  este  artículo, de alguna manera ya ha visto Invisible.


BIBLIOGRAFÍA
- Foucault, Michel (2012) Esto no es una pipa: Ensayo sobre Magritte.  Eterna cadencia: Buenos Aires.
- Iriarte, Víctor (2012) “Cajas con  cosas dentro presenta” en Territorios y  fronteras. Universidad del País Vasco: Bilbao.
- Lacuesta, Isaki (2012) “Los  amores invisibles.  Notas provisionales sobre el cine de León Siminiani y Víctor Iriarte”  en Territorios y fronteras. Universidad  del País Vasco: Bilbao.
- Wajcman, Gérard (2001) El objeto del siglo. Amorrortu: Buenos  Aires.


Artículo  tomado en la reb de ‘Marienbad, revista de cine’, publicado por Eduardo Marún,  febrero de 2013.


SESIÓN 2171 - 08/04/2014
INVISIBLE ∙ España ∙ 2012 ∙ 65 min.
Dir. Víctor Iriarte ∙ G. Víctor Iriarte ∙ Mnt. Marine de Contes y Víctor Iriarte ∙ M. Mursego ∙ Prd. cajaconcosasdentro & Krea Expresión Contemporánea ∙ Int. Maite Arroitajauregi (Mursego)