Metoo en el Bagdad Café

https://www.youtube.com/watch?v=oCLpLWcX2cg


El pasado 7 de enero, martes  como siempre, y sin apenas tiempo para  jugar con los regalos, el cineclub FAS  inauguró, a las 8 menos cuarto  como siempre, su nuevo año con la revisión de la  bonita película de  Percy Adlon, en su momento pronto convertida en película de  culto, Bagdad Café, de 1987. Menos  mal que los fas-icos y los cinéfilos  en general pronto nos olvidamos de los regalitos (si  los tuvimos y nos los  merecimos), del tiempo, y de casi todo lo que no  se proyecta sobre la mítica  pantalla del Salón de El Carmen. Y claro,  la tarde del 7 en ella flotaba Bagdad Café…:¡un regalazo!


Aunque yo, además de  disfrutar con las imágenes de Percy (¿qué  habrá sido de él?) pensaba, como  siempre, en otras cosas. Es lo que  tienen las buenas películas, que mientras  las ves, piensas en ellas y,  además, en otras muchas cosas pero, ¡ojito!,  siempre relacionadas con  ellas, porque con las películas-coñazo también piensas  en otras cosas  (irónicamente en esto se parecían los dos antagónicos tipos de   películas), pero eso sí: en ninguna relacionada con la película-coñazo y  sí, en  cambio, en otras movidas que nada le atañen, como, por ejemplo,  ¡esta noche la  voy a liar!, ¿vendrá Fátima a la cena con sus  pantalones ceñidos?, o qué sé yo,  pero de la susodicha película-coñazo  que no me pregunten ni por el título  porque el parkinson se ha  adelantado unos años para darme las buenas noches.


Pero, ¿a cuenta de qué viene  todo esto?, se preguntará más de uno.  Pues a cuenta de que el Arte y Cine, sí,  también con mayúsculas, o sea  las buenas pelis son algo más serio de lo que  parece en un principio  porque nos cogen desprevenidos, con la pierna cambiada y  si no  atendemos bien a lo que nos cuentan no veremos que, en muchas ocasiones,   se adelantan a los mismísimos tiempos en que las estamos visionando.  Como si  casi todas estas buenas pelis fueran, en realidad, películas de  ciencia  ficción.


Y ya que estamos con ella, hablo  de Bagdad Café. ¿Y no sería la  película de Adlon una premonición ¡en 1987! de los tiempos #Metoo que nos están tocando vivir actualmente?, ¿no serían dos  mujeres, una  blanca, Jasmin y otra negra, Brenda (sin duda para hacerlas más   universales), las auténticas protagonistas de la historia? ¿No se habría  puesto  en marcha el guión, y  la trama con él,  precisamente en el  momento en que el hombre, el impresentable compañero de Brenda,  hace  mutis por el foro y desaparece del Bagdad  Café? ¿Y no volvería  ese mismo hombre al final, sumiso y con el rabo entre  las piernas,  suplicando a su mujer si podría volver con ella? ¡A lo que Brenda   contestará que, primero, deberá consultarlo con Jasmin! ¡Toma ya! ¿Y no  cuenta,  en definitiva, Bagdad Café los  esfuerzos y peripecias  que las dos mujeres tienen que padecer para emanciparse  como  personajes y personas, para hacer, literalmente, de la magia su modus vivendi más  allá de la compañía de  sus respectivas e inútiles parejas masculinas? Y  sin tener, afortunadamente,  nada que ver con las Thelma y Louise de la  lamentable película del otrora  interesante Ridley Scott. Pero ésta ya  filmada cuatro años después.


No me cabe, entonces, duda  alguna de que tanto la Jasminr  como la Brenda  de Bagdad Café son las auténticas pioneras,  antecedentes e iconos de las  reivindicaciones que las mujeres, puestas ya en  pie, plantean hoy en  día en las redes sociales, los mass media y en las calles a  nuestros gobernantes. Percy Adlon sólo  se adelantó al fenómeno… casi 30  años. Y en su día apenas se reparó en ello. Pero,  ¿qué se le va a  hacer? ¿No anunciaba también el expresionismo del Caligari de  Robert Wiene en 1919 los  derroteros que iban a caer sobre Europa 20  años después bajo las cruces gamadas  y los brazos en alto de un tal  Adolf Hitler? Tampoco casi nadie reparó en ello  entonces. Así que  repito, ¿qué se le va a hacer?

Y es que sólo el Arte no cura  ni la miopía ni la sordera. Necesita  de la colaboración activa de todos, de los  espectadores. Y nosotros,  los fas-icos,  no vamos a cruzarnos de brazos. Casi me  atrevería que al contrario: ¡cuánta más  apatía e indiferencia nos  encontremos, más caña, más buenas pelis que nos hagan  comernos el tarro  (un poco, al menos), que nos hagan pensar (en el futuro, ¿por  qué,  no?), hasta que nos salgan por las orejas! Sí, los martes, a las 8 menos   cuarto, en el Salón del Carmen, en la   Plaza de Indautxu de Bilbao,  sin ir más lejos…


Toni Abad

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