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Aliento

Cada vez que Ki-duk Kim estrena película, los amantes del cine estamos de enhorabuena. Tras la excelente —y más hablada de lo que es habitual en él— "Time", ahora le llega el turno a "Aliento" ("Breath") ("Soom"), una nueva muestra del enorme talento que atesora el director surcoreano, tal vez el más creativo del momento presente. En una época en la que parece imposible acuñar ideas originales, él nos sorprende y nos deleita con historias de caligrafía sencilla, pero rebosantes de símbolos y metáforas, a las que es difícil buscarles un precedente o una similitud, y a las que confiere el tratamiento propio de un poeta dotado de una extraordinaria sensibilidad para la imagen.

Ki-duk Kim es, a todas luces, un genio y un baluarte del cine entendido como arte, y sin embargo, no pasó por ninguna escuela de cine y comenzó a una edad tardía su andadura cinematográfica, primero como guionista y luego como director. Después de alistarse en la infantería de la marina del ejército de Corea del Sur, se fue a París a cultivar su gran pasión, la pintura, y fue allí donde pisó por primera vez una sala de cine. "Los amantes del Pont Neuf", de Leos Carax, fue una de las películas que más le impresionó. De regreso a su país, ganó un concurso de guión y desde entonces se dedicó por entero al cine.

"Aliento" tiene algo de exégesis o corolario de toda la filmografía de Ki-duk Kim. En ella se repiten varios de los motivos vistos en sus anteriores películas: el paso de las estaciones y el ciclo de la vida de "Primera, verano, otoño, invierno... y primavera"; la incomunicación, los silencios, el triángulo amoroso y el drama carcelario de "Hierro 3"; el temor resabiado a las infidelidades conyugales y las esculturas alegóricas de "Time"; el sacrificio y la espiritualidad de "Samaritan Girl"; y los besos desesperadamente sangrientos de "Bad Guy".

En "Aliento", como en todas las películas de Ki-duk Kim —aunque aquí con más énfasis, si cabe, por la naturaleza de la historia— hay una lucha atroz entre la pulsión de vida y la pulsión muerte (Eros y Tánatos), que se traduce en unos sentimientos arrebatados y difícilmente gobernables que sitúan al borde de la locura a los personajes; aunque, en su mayor parte, estos sentimientos son férreamente reprimidos. Cuando la muerte es inminente —en este caso por la ejecución de una pena capital— la pasión sexual está latente; y con ella, la violencia más descarnada.

Estética e ideológicamente, las películas de Ki-duk Kim suelen dividirse en dos tipos: las que transcurren en un entorno natural ("La isla", "Primera, verano, otoño, invierno... y primavera") y las que se desarrollan en la ciudad ("Samaritan Girl", "Hierro 3"). En estas últimas, donde se encuadra "Aliento", se percibe una deshumanización producto de la tecnología y una solapada crítica a la burguesía acomodada que el director surcoreano, con socarronería, presenta en forma de banalización de la cultura de élite, con la música clásica convertida en politono de móvil.

Como es tradición en Ki-duk Kim, hay numerosas y sutiles metáforas esparcidas por la narración, difíciles de captar en su integridad, tanto más para un espectador occidental. Una de ellas es la camisa del marido, de un blanco impoluto, que Yeon (Ji-a Park) deja caer descuidadamente cuando tiende la ropa en el balcón, que se ensucia al caer al suelo y que posteriormente ella arroja al cubo de basura —en otro momento la recoge después de haberla tirado, dando una segunda oportunidad a su matrimonio—.

También hay un buen puñado de símbolos exquisitos, como el aliento que empaña el cristal que separa al preso del visitante, donde Jia Zhang (Chang Chen) deja la marca de sus labios; o la hebra de cabello que se mete en la boca para que sus compañeros de celda no se la roben; o los cepillos de dientes convertidos en objetos punzantes con los que autolesionarse; o los dibujos eróticos que decoran las desconchadas paredes de la celda, permitiéndoles soñar con el mundo exterior; o la horquilla que Yeon encuentra en el interior del coche y que sirve de detonante de la acción; o las fotos que le regala en cada visita para infundir en su maltrecho corazón un hálito de esperanza... Todos esos símbolos, dotados de una profunda carga emocional, crean un pequeño universo pleno de significados, en una clara demostración de que para hacer una gran película no se necesitan muchas localizaciones ni muchos actores, como tampoco un gran presupuesto.

En el cine de Ki-duk Kim los sentimientos más hondos se expresan mediante silencios. Es un cine despojado de palabras, minimalista, depurado hasta el extremo, donde lo que cuenta es el detalle.

Al igual que el protagonista de "Hierro 3", Jia Zhang no pronuncia una sola palabra durante todo el metraje —"Aliento" es una prueba irrefutable de que 90 minutos, y algunos menos, dan para mucho—, y lo más importante de todo es que no necesita hablar para que se le entienda. Ese último aliento que precede a la muerte no se puede expresar con palabras.

La belleza estética está presente en "Aliento" en la misma medida que en sus anteriores películas. No puedo menos que destacar la maravillosa composición de los encuadres dentro de la sala de visitas de la cárcel, con las paredes empapeladas con imágenes propias de cada estación, representando paisajes idílicos donde los personajes se deslizan con tal naturalidad que parecen vivir dentro de esas postales.

Ki-duk Kim, en una decisión que no tiene nada de gratuita, se reserva el papel de jefe de seguridad —sólo se ve su rostro reflejado en la pantalla—, y actúa como el director de cine que es al observar desde su monitor cada movimiento que se produce dentro y fuera de la penitenciaría, violando con su voyeurismo la intimidad de presos y visitantes —que no es sino lo que hacemos nosotros, espectadores—. En tanto que director, elige qué planos mostrarnos, y también decide, al pulsar un botón que hace sonar la alarma, cuándo dar por terminado el tiempo de la visita y cortar la toma —curiosamente, en el preciso momento en que se van a besar, como si se riera de aquellos tiempos en que la censura metía la tijera—.

En esta ocasión no hay concesiones a la fantasía con un final alegórico, como ocurría en "Hierro 3" o en "El Arco" —creo que soy de los pocos a los que le gustó el final del "El Arco", una fantástica evocación de los raptos de Zeus y del mito de Diana cazadora (Artemisa)—.

El desenlace, atípico donde los haya, deja una extraña sensación, como de amarga alegría, en algo que se intuye más próximo a la vida que al propio cine, donde parece que todo tiene que cobrar sentido y acabar o bien en tragedia, o bien en comedia, sin posibilidad intermedia. Por suerte o por desgracia —eso aún está por ver—, la vida es demasiado compleja como para ceñirse a un rígido esquema de géneros. Y el cine de Ki-duk Kim también.

Thumb

Ficha técnica

"Soom" · Korea del Sur · 2007 · Dirección: Ki-duk Kim · Guión: Ki-duk Kim · Fotografía: Jong-moo Sung · Montaje: Su-an Wang · Producción: Cineclick Asia, Kim Ki-Duk Film y Sponge, 84 minutos.

Ficha artística

Chen Chang · Jung-woo Ha · Ki-duk Kim · Ji-a Park.